El último secreto
El último secreto Finch los observó en silencio antes de hablar: —La mente humana es el próximo campo de batalla del mundo —dijo finalmente—. Las guerras del futuro se librarán dentro del cerebro.
Langdon sintió un escalofrío. Finch explicó que el gobierno estadounidense había desarrollado un programa secreto llamado Q , destinado a explorar la conciencia humana como herramienta de espionaje y manipulación. Allí, científicos militares intentaban aprovechar los estados cercanos a la muerte para acceder a percepciones más amplias, una “visión superior” que permitía recopilar información más allá del espacio físico. Era, en esencia, un eco siniestro de los experimentos que Gessner había llevado a cabo… y que Katherine ahora denunciaba.
—¿Sabe qué escribió exactamente en su libro, doctora Solomon? —preguntó Finch. Katherine, tensa, asintió. Su trabajo describía la teoría de que el cerebro no genera la conciencia, sino que la sintoniza , como una radio capta ondas invisibles. La sustancia GABA —explicó— actuaba como un filtro químico que limitaba la percepción humana para protegernos del exceso de realidad. —Si lográramos reducir ese filtro —dijo con voz grave— podríamos experimentar el universo tal como es: sin separación, sin muerte.