El último secreto
El último secreto Langdon sintió un vértigo fÃsico. En otra sala, un dispositivo cilÃndrico giraba lentamente, cubierto por sÃmbolos cabalÃsticos. Era una máquina que pretendÃa capturar lo inmaterial. —El alma —murmuró.
El sonido de pasos los hizo girar. Una sombra se movió al fondo del pasillo: el Gólem. Su silueta se recortaba contra la luz azul. Llevaba su vara metálica en una mano y algo brillaba en la otra: un detonador. —No debieron venir —dijo con voz profunda—. Esto no pertenece a los vivos.
Katherine dio un paso al frente. —¿Quién eres? —El guardián de lo que no debe repetirse —respondió—. Esta casa es un sepulcro de la arrogancia humana. Lo que construyeron aquà amenaza con destruir la frontera entre el cuerpo y el alma.
El Gólem se acercó a las cápsulas. Una de ellas contenÃa algo que parecÃa imposible: una figura femenina, suspendida en un lÃquido pálido. La piel era blanca como la cera. Langdon contuvo el aliento. —¿Es… Gessner?
El Gólem asintió. —Ella quiso ver el otro lado. Lo logró. Pero no regresó sola.