El último secreto
El último secreto En ese instante, una vibración recorrió las paredes. Las luces parpadearon. Los monitores comenzaron a proyectar formas fluctuantes: rostros, fragmentos de pensamientos, voces superpuestas. Era como si la conciencia atrapada en las máquinas intentara hablar. Katherine retrocedió, horrorizada. —¡Apágalo! —gritó. —No puedo —respondió el Gólem—. Ya está despierto.
Langdon comprendió que no se refería a una persona, sino a algo más vasto. Un campo, una presencia. El Éter.
Mientras las alarmas comenzaban a sonar, el Gólem levantó el detonador. —Que la ciudad entierre sus pecados —dijo—. Y que la verdad duerma con ellos.
Langdon intentó alcanzarlo, pero la explosión lo lanzó contra una pared. El último recuerdo fue el grito de Katherine y un resplandor blanco devorando la oscuridad.
Luego, silencio. Solo el eco de las mentes perdidas vibrando bajo la ciudad.