El último secreto
El último secreto Durante unos minutos, ninguno habló. Luego Katherine, con voz baja y temblorosa, intentó explicar lo que habÃa intuido. —He pensado en los datos del experimento —dijo—. Justo antes de que las ondas cerebrales se apagaran, hubo un pico anómalo… como si el cerebro intentara recibir algo más. Quizá, al morir, los filtros que limitan nuestra percepción se debilitan. Tal vez por un instante podemos ver más de lo que la mente soporta. Langdon la observó con inquietud. —¿Estás diciendo que… seguimos conscientes después de morir? Katherine negó despacio. —No lo sé, Robert. Es solo una hipótesis. Pero si el cerebro funciona como una antena… tal vez en ese momento capta una frecuencia que normalmente está fuera de nuestro alcance.
Langdon sintió un escalofrÃo. —Una especie de eco de nosotros mismos —murmuró—. —O algo que siempre estuvo ahà —respondió ella, casi para sÃ.
El silencio llenó la cripta derruida. Afuera, la nieve caÃa en remolinos, y por un instante pareció que el aire mismo respiraba con ellos. Finch, observando desde la distancia, comprendió lo que habÃa intentado controlar y lo que ahora se le escapaba: la mente humana seguÃa siendo un territorio sin mapa. Q habÃa perdido su propósito.