El último secreto
El último secreto —Tal vez la verdad no se encuentre en los laboratorios —dijo Langdon—, sino en la forma en que decidimos mirar. Katherine asintió. —Eso es lo que siempre he intentado demostrar —susurró—. La conciencia puede ser solo otro lenguaje de la materia… uno que aún no sabemos leer.
El Gólem, moribundo, se apoyó contra una columna. —La Verdad… no se destruye —susurró—. Solo cambia de forma. Sus ojos se apagaron lentamente, pero su expresión era serena.
Langdon alzó la vista hacia la cúpula que apenas quedaba en pie. —Entonces este era el último secreto —dijo. Katherine esbozó una sonrisa cansada. —SÃ. Que todo lo que creemos entender… puede ser apenas el principio.
Fuera, el sol comenzó a elevarse sobre el Moldava. Las torres de Praga brillaron con un resplandor incierto, y por un instante Langdon creyó ver sombras moviéndose en la luz, como recuerdos atrapados entre el mundo de los vivos y el de las ideas.
Y comprendió que el conocimiento más grande de todos quizá no se encontraba en los libros ni en las máquinas… sino en la pregunta que aún no tenÃa respuesta.
FIN de El último secreto