Ilión
Ilión Pero Daeman no puede ignorar el tono de su voz, casi como si no fuera ella quien hablara. Esa noche, mientras intenta dormir, escucha pasos pesados fuera de su puerta. Un sonido que no deberÃa estar allÃ.
En las lunas de Júpiter, las máquinas observan, calculando cada movimiento. Han activado algo en los voynix, una chispa que lentamente comenzará a propagarse. La humanidad, dormida en su complacencia, no sospecha que la guerra de Marte y los dioses podrÃa estar conectada con su propio destino.
De vuelta en Marte, Hockenberry finalmente encuentra el santuario de los dioses. Dentro, descubre algo que desafÃa toda lógica: un portal, un anillo brillante suspendido en el aire que parece pulsar con energÃa. Al acercarse, siente que su mente está siendo absorbida por el aparato. Ve imágenes de mundos distantes, de criaturas desconocidas y de un futuro devastado.
Una voz resuena detrás de él. —No deberÃas estar aquÃ.
Hockenberry se da la vuelta y encuentra a Atenea, su rostro frÃo y severo. Ella avanza hacia él, cada paso una amenaza. —¿Qué es esto? —pregunta él, su voz temblando. —El destino —responde Atenea, y su mirada no deja lugar para la esperanza.