Ilión
Ilión Odiseo sonrÃe, pero sus ojos no pierden esa chispa de desconfianza. —¿Un escriba? Qué conveniente, justo cuando esta guerra necesita más palabras inútiles.
Antes de que pueda responder, un trueno resuena en el cielo. Ambos miran hacia las nubes rojas que se arremolinan sobre Troya. Algo se aproxima. Hockenberry siente un escalofrÃo recorrer su columna. Es como si el propio aire estuviera cargado de electricidad, como si el universo estuviera conteniendo el aliento.
En ese instante, Apolo desciende, su cuerpo brillando con una luz cegadora. Su presencia llena el espacio como una fuerza palpable, y los hombres caen de rodillas. Pero Hockenberry, escondido entre las sombras, siente algo más: el dios no ha venido solo. A través del resplandor, distingue una figura oscura, casi mecánica, oculta en las profundidades del brillo divino.
Mientras tanto, en la Tierra, Daeman reúne valor para enfrentar a Ada después del incidente con el voynix. Pero cuando la encuentra en el jardÃn, algo en ella parece cambiado. Sus palabras son más frÃas, sus gestos más calculados. —¿Qué pasó en el sótano? —pregunta él, tratando de esconder su miedo. Ada lo mira, sus ojos grises tan impenetrables como el cielo nublado. —Los voynix están aquà para protegernos. Siempre lo han estado. No necesitas preocuparte por ellos.