Ilión
Ilión Atenea guarda silencio, pero su mirada dice más de lo que las palabras podrÃan. Antes de que pueda detenerlo, Hockenberry da un salto hacia el portal, y la energÃa lo envuelve. El mundo desaparece, y durante un instante interminable, se siente desgarrado entre realidades. Ve mundos alienÃgenas, máquinas posthumanas, y figuras humanas atrapadas en burbujas de cristal. Y luego todo se apaga.
Mientras tanto, en la Tierra, Daeman no puede ignorar el creciente miedo que siente hacia los voynix. En la villa de Ardis, las criaturas parecen más activas, sus movimientos más precisos, como si estuvieran siguiendo un propósito oculto. Ada, cada vez más distante, insiste en que todo está bien.
—Estás paranoico, Daeman. Los voynix han estado con nosotros desde siempre. No harÃan nada para lastimarnos. —¿Y si ya no los controlamos? —insiste él.
Pero Ada lo ignora, su mirada perdida en la lejanÃa. Esa noche, Daeman la sigue hasta el sótano, donde encuentra un grupo de voynix reunidos alrededor de un panel de luz desconocido. Lo que ve lo llena de terror: el sÃmbolo de las máquinas posthumanas de Júpiter parpadea en la pantalla. Algo los está guiando, y no son los humanos.