Ilión
Ilión Antes de que pueda pedir más explicaciones, el hombre abre una puerta, y Hockenberry se encuentra frente a un mapa holográfico de proporciones cósmicas. Planetas, lunas y sistemas enteros giran en un vórtice de luz, pero lo que domina la escena es una esfera roja que pulsa como un corazón latente: Marte.
—La guerra no es solo por Ílion ni por los humanos —explica el hombre—. Es por el control de la realidad misma. Los dioses, las máquinas, incluso tú… todos somos piezas de un tablero que no podemos ver completo.
Hockenberry siente que el peso de las palabras lo aplasta. Por primera vez en su vida, comprende que él no es un simple espectador; es una ficha sacrificable en un juego cuyas reglas no entiende. Pero antes de que pueda responder, la habitación tiembla. Las luces parpadean y una alarma ensordecedora llena el aire.
—¡Nos han encontrado! —grita el hombre, tirando de él hacia un pasillo.