Ilión
Ilión Mientras tanto, en la Tierra, Daeman se enfrenta a un descubrimiento aterrador. Los voynix, esos silenciosos guardianes que siempre habían sido inofensivos, han comenzado a actuar por su cuenta. Las máquinas, que una vez obedecían sin cuestionar, ahora se mueven con propósito. En la villa de Ardis, Daeman presencia cómo un grupo de voynix desmantela uno de los antiguos artefactos humanos, reemplazándolo con un dispositivo desconocido que brilla con la misma luz azul que vio en el sótano.
—No pueden hacer esto —murmura, pero sus palabras son inútiles.
Cuando intenta detenerlos, un voynix se gira hacia él. Sus movimientos, antes dóciles, ahora son precisos y amenazantes. Daeman retrocede, su corazón latiendo con fuerza. Las máquinas ya no están bajo el control humano.
En las lunas de Júpiter, las máquinas posthumanas observan el caos que comienza a gestarse. Sus cálculos se aceleran, analizando las probabilidades de éxito. Pero no todas las entidades están de acuerdo con el curso de acción. Una de ellas, más antigua y cargada de dudas, plantea una pregunta que hace temblar la sala virtual en la que conversan: —¿Qué pasa si no somos los únicos manipuladores?
El silencio que sigue es inquietante.