Fuerzas irresistibles
Fuerzas irresistibles Mientras tanto, en los pasillos del hospital, la tensión era palpable. Las noticias del tiroteo habían llegado a los medios, y un grupo de periodistas se congregaba afuera, buscando respuestas que nadie quería dar. En el barrio, las tensiones seguían escalando. Los vecinos se organizaban para exigir justicia, mientras la policía aumentaba su presencia, lo que solo encendía más el ánimo de los residentes.
Whitman observaba el caos desde una ventana en el tercer piso. No podía evitar preguntarse cómo ese mundo, tan desquiciado y cruel, podía tocar a una niña inocente como Dinella. Apretó los puños. No podía cambiar el mundo, pero quizás podía cambiar algo hoy.
De vuelta en la habitación, Henrietta intentaba mantenerse firme. Rachel llegó poco después con un café recién hecho y un rostro marcado por el cansancio.
—¿Cómo está? —preguntó, dejando la taza en la mesita junto a la cama.
—Mejor, según el doctor. Pero… todo depende de esta noche.
Rachel suspiró y miró a su hermana con una mezcla de admiración y lástima. —Eres increíble, ¿sabes? No sé cómo sigues en pie.
Henrietta se permitió una pequeña sonrisa. —Porque no tengo otra opción.