Fuerzas irresistibles
Fuerzas irresistibles Los ojos de la niña estaban vidriosos y confusos, pero al reconocer la voz de su madre, un leve murmullo escapó de sus labios.
—¿Mamá?
Henrietta rió entre lágrimas, tomando la mano de su hija con ambas manos. —Estoy aquí, mi amor. Siempre estaré aquí.
Whitman llegó en ese momento, atraído por los sonidos. Cuando vio a Dinella despierta, su rostro se iluminó con una sonrisa.
—Hola, pequeña guerrera —dijo, acercándose a la cama—. Nos diste un buen susto.
Dinella lo miró con curiosidad, todavía demasiado débil para hablar. Whitman hizo un gesto tranquilizador.
—No te preocupes. Pronto estarás corriendo por aquí como si nada hubiera pasado.
Henrietta se rió suavemente, acariciando el cabello de su hija. Por primera vez, el miedo que la había acompañado durante días comenzó a disiparse.
En las semanas siguientes, Dinella mostró una recuperación lenta pero constante. Cada día traía un pequeño avance: una palabra más, un movimiento más fuerte. Henrietta permaneció a su lado, mientras Whitman y su equipo supervisaban cada paso del proceso.