Fuerzas irresistibles
Fuerzas irresistibles Un día, mientras paseaba con Dinella en una silla de ruedas por los pasillos del hospital, Henrietta se detuvo junto a una ventana. Miró hacia el barrio que se extendía más allá del hospital, con sus calles llenas de vida y ruido.
—Todo esto nos cambió, ¿verdad? —preguntó Rachel, quien estaba a su lado.
Henrietta asintió lentamente. —Sí. Pero también nos hizo más fuertes.
Cuando finalmente dieron de alta a Dinella, la despedida fue emotiva. Whitman acompañó a Henrietta hasta la entrada del hospital, inclinándose hacia Dinella.
—Quiero que sepas algo —le dijo a la niña—. Eres una de las personas más valientes que he conocido.
Dinella lo miró con una sonrisa tímida, todavía débil pero llena de luz.
—Gracias, doctor.
Whitman se volvió hacia Henrietta, estrechándole la mano. —Cuídense mucho.
—Lo haremos —prometió Henrietta, sosteniendo a Dinella contra su pecho.
Cuando salieron del hospital, la luz del sol bañó sus rostros, y por primera vez en mucho tiempo, Henrietta sintió que todo iba a estar bien. La tormenta había pasado, dejando atrás cenizas, pero también una nueva fuerza para seguir adelante.