La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo El presidente había resuelto que fuese yo —la verdad es que ello era honroso y satisfactorio para mis pocos años— el que abriese oficialmente la velada que se dio en celebración del Centenario de Bolívar. Escribí una oda que, según lo que vagamente recuerdo, era bella, clásica, correcta, muy distinta, naturalmente, a toda mi producción en tiempos posteriores.
Aquí se produce en mi memoria una bruma que me impide todo recuerdo. Sólo sé que perdí el apoyo gubernamental. Que anduve a la diabla con mis amigos bohemios y que me enamoré ligera y líricamente de una muchacha que se llamaba Refugio, a la cual escribí, en cierta ocasión, esta inefable cuarteta, que tuvo, desde luego, alguna romántica recompensa:
Las que se llaman Fidelias
Deben tener mucha fe.
Tú, que te llamas Refugio,
Refugio, refugiamé.
Era una chica de catorce años, tímida y sonriente, gordita y sonrosada como una fruta. El caso fue simplemente poético y sin trascendencia. Poco tiempo después volví a mi tierra.