Viaje de un naturalista alrededor del mundo

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8.- Costumbres de las aves de rapiña de América del Sur.

El número, mansedumbre y repugnantes costumbres de las aves de rapiña de América del Sur que se alimentan de carroña, hacen de ellas seres en extremo curiosos para cualquiera que solo esté acostumbrado a las aves de Europa septentrional. En esta lista pueden incluirse cuatro especies del caracará o polyborus, el buitre, el gallinazo y el cóndor. La estructura de los caracarás hace que se les coloque en el grupo de las águilas; pero ya veremos si son merecedores de un rango tan elevado. Sus costumbres le hacen más parecido a nuestros cuervos, a nuestras urracas, a nuestras cornejas, que se alimentan de carroña; tribu de aves muy extendida por todo el resto del mundo, pero que no existe en América del Sur. Empecemos por el Polyborus brasiliensis. Esta ave es muy común y vive en una superficie geográfica de gran extensión; su presencia es permanente en todas las llanuras herbosas del Plata, donde recibe el nombre de carancho, y se encuentra también bastante a menudo en las estériles llanuras de la Patagonia. En el desierto que separa el río Negro del río Colorado, se hallan en gran número en el camino de las caravanas para devorar los cadáveres de los desgraciados animales que perecen de sed y de fatiga. Aunque muy comunes en esos países secos y despejados, así como en las áridas costas del Pacífico, viven siempre en las impenetrables selvas, tan húmedas, de la Patagonia occidental y de la Tierra del Fuego. Los caranchos, así como los chimangos, se hallan siempre en gran número en las estancias y en los mataderos. Así que muere un animal en la llanura, los gallinazos son los primeros que acuden; vienen después las dos especies de polyborus, que no dejan nada más que los huesos. Aunque tales aves se encuentren juntas sobre la misma presa, distan mucho de ser amigas. Mientras que el carancho está tranquilamente encaramado en una rama de árbol o posado en el suelo, el chimango a menudo continúa volando durante largo tiempo, yendo de aquí para allá, subiendo y bajando, siempre en semicírculo, tratando de golpear al carancho cada vez que pasa cerca de él. Pero este último no se inquieta gran cosa y se contenta con bajar la cabeza. Aunque los caranchos se reúnen a menudo en gran número, no viven en sociedad, porque en los lugares desiertos se les ve frecuentemente solos o la mayor parte del tiempo en parejas.


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