Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo A la mañana siguiente partieron para el sitio de la matanza que acababa de notificarse, con orden de seguir el rastro o huellas de los indios, aun cuando tales huellas les condujeran hasta Chile. Más tarde supimos que los indios salvajes se habían escapado en las grandes llanuras de las Pampas, y por una causa de la que no me acuerdo, se había perdido el rastro. A tales gentes, una sola ojeada a éste les cuenta todo un poema. Supongamos que se examinan las huellas dejadas por un millar de caballos; pronto os dirán cuántos de ellos iban montados y cuántos marchaban a galope corto; reconocerán por la profundidad de las huellas qué número de caballos iban cargados, y en la irregularidad de esas huellas el grado de fatiga; en la forma como son cocidos los alimentos, si la banda que se persigue viaja rápidamente o no; por el aspecto general, cuánto tiempo hace que pasó por allí aquella tropa. Un rastro de diez o quince días atrás es lo bastante reciente para que ellos lo sigan con facilidad. Supimos también que Miranda, al dejar la extremidad occidental de la Sierra de la Ventana, se había dirigido en línea recta a la isla Choele-Choel, situada a 70 leguas de distancia en el curso del río Negro. Había, pues recorrido 200 o 300 millas a través de un país absolutamente desconocido. ¿Hay otros ejércitos en el mundo que sean tan independientes? Con el Sol por guía, la carne de yegua como alimento, su recado como lecho, esos hombres irían hasta el fin del mundo, a condición de que encontraran un poco de agua de vez en cuando.