Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Nos dirigimos hacia la tercera posta en compañía del teniente que la manda. Se dice que hay 15 leguas entre las dos postas, pero sólo es una suposición y por lo regular se exagera un poco. El camino ofrece escaso interés; continuamente se atraviesa una llanura seca cubierta de césped; a nuestra izquierda, a una distancia variable, una fila de montículos que atravesamos en el momento de llegar a la posta. También encontramos un inmenso rebaño de bueyes y de caballos guardado por quince soldados que nos dicen haber perdido ya muchos de esos animales. Es muy difícil, en efecto, hacerles atravesar las llanuras, porque si, durante la noche, un puma, o hasta un zorro, se aproxima al rebaño, nada puede evitar que los caballos, enloquecidos, se dispersen en todas direcciones; un huracán les produce idéntico efecto. Hace poco tiempo un oficial salió de Buenos Aires con quinientos caballos, y no disponía más que de veinte cuando se reincorporó al ejército.