Viaje de un naturalista alrededor del mundo

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Abandonamos Montevideo en la tarde de este día. Tengo intención de dirigirme a Colonia de Sacramento, situada en la ribera septentrional del Plata, frente a Buenos Aires; de remontar el Uruguay hasta Mercedes, junto al río Negro (uno de los numerosos ríos que llevan este nombre en América meridional), y después regresar directamente a Montevideo. Dormimos en la casa de mi guía, en Canelones. Nos levantamos muy temprano, con la esperanza de recorrer una larga etapa, esperanza fallida, porque todos los ríos se han desbordado. Atravesamos en barca los riachuelos Canelones, Santa Lucía y San José, y perdemos así mucho tiempo. En una excursión precedente había atravesado el Santa Lucía cerca de su desembocadura y había quedado asombrado al ver la facilidad con que nuestros caballos, aunque no estaban acostumbrados a nadar, habían recorrido esta distancia de a lo menos 600 metros. Cierto día que en Montevideo expresé mi asombro a ese respecto, se me refirió que algunos saltimbanquis, acompañados de sus caballos, habían naufragado en el Plata, y uno de esos caballos recorrió nadando la distancia de 7 millas hasta ganar tierra. En el transcurso de la jornada un gaucho me procuró un regocijante espectáculo al ver la destreza con que forzó a un caballo recalcitrante a que atravesara a nado un río. El gaucho se desnudó por completo, subió a su caballo y obligó a éste a que penetrara en el agua hasta perder pie; entonces se dejó deslizar por la grupa del animal y se agarró a la cola de éste; cada vez que el animal volvía la cabeza, el gaucho le arrojaba agua para asustarle. Así que el caballo pisó tierra al otro lado, el gaucho trepó nuevamente a la silla y se afianzó con fuerza en ella, riendas en mano, ya antes de que el animal que montaba hubiera acabado de salir del río. Es un bello espectáculo ver a un hombre desnudo sobre un caballo; jamás hubiera creído yo que los dos agrupados formaran tan buen conjunto. La cola del caballo constituye un apéndice muy útil; he atravesado un río en una barca arrastrada de la misma manera que el gaucho de que acabo de hablar. Cuando un jinete debe atravesar un ancho río, el mejor medio es aferrarse con una mano a la perilla de la montura o la cincha del caballo y nadar con la otra.


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