Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo En muchas ocasiones, cuando el Beagle se encontraba en la desembocadura del río de la Plata, noté que los mástiles y el cordaje se recubrían de hilos de araña. Un día (el 19 de noviembre de 1832) me ocupé particularmente en ello. El tiempo, desde hacia algunos días, era bueno y claro, y, de madrugada, el aire se hallaba lleno de esas telas formando copos, como en un bello día otoñal en Inglaterra. El buque se encontraba entonces a 60 millas (96 kilómetros) de tierra, siguiendo la dirección de una brisa constante aunque muy ligera. Esos hilos de araña soportaban un gran número de arañitas de color rojo oscuro y que tenían una longitud de una décima de pulgada. Debían ser en número de muchos millares las que se encontraban en el buque. En el momento de ponerse en contacto con la arboladura, la araña descansaba siempre en un solo hilo y jamás en la masa de ellos, cuya masa semejaba originada por una maraña de hilos separados. Todas esas arañitas pertenecían a la misma especie; las había de uno y otro sexo, así como algunas que no habían alcanzado su completo desarrollo; estas últimas eran de color más oscuro. No daré la descripción de esa araña, limitándome a hacer constar que no parece comprendida en el número de los géneros descritos por Latreille. Así que llegaba, cada uno de aquellos diminutos aeronautas se ponía a la obra, corriendo por todos lados, dejándose caer a lo largo de un hilo y volviendo a subir por el mismo camino; otras veces se ocupaba en construir una pequeña tela de forma irregular en los espacios entre las cuerdas. Esa araña corre fácilmente por la superficie del agua. Si se la molesta, levanta sus dos patas delanteras, como si se previniera. Al llegar a bordo parece hallarse sedienta y bebe con avidez las gotas de agua que puede encontrar. Strack ha observado el mismo hecho; ¿no será porque ese pequeño insecto acaba de atravesar una atmósfera muy seca y rarificada? Su reserva de hilo parece inagotable. He podido ver que el más ligero soplo de aire basta para arrastrar horizontalmente a aquellas que están suspendidas de un hilo. En otra ocasión (el 25), observé con cuidado la misma especie de arañita; cuando se la coloca sobre una pequeña eminencia, o ha trepado por sí misma hasta allí, levanta horizontalmente su abdomen, deja surgir un hilo y luego avanza horizontalmente con una rapidez inexplicable. He creído observar que, antes de prepararse como acabo de indicar, la araña se reúne las patas con hilos casi imperceptibles; pero no estoy cierto de que tal observación mía sea correcta.