Viaje de un naturalista alrededor del mundo

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En este continente meridional todo se ha hecho a gran escala. Las tierras, desde el río de la Plata hasta Tierra del Fuego, en una distancia de 1200 millas (1930 kilómetros) han sido levantadas en masa (y en la Patagonia a una altura de 300 a 400 pies) durante el período de las conchas marinas actualmente existentes. Las antiguas conchas dejadas en la superficie de la llanura levantada, conservan aún en parte sus colores, aun cuando hayan estado expuestas a la acción de la atmósfera. Ocho largos períodos de reposo, a lo menos, han interrumpido ese movimiento de ascenso; durante esos períodos el mar ha socavado profundamente las tierras y ha formado, a niveles sucesivos, las largas líneas de acantilados o de escarpas que separan las diferentes llanuras que van elevándose unas detrás de otras, como los peldaños de una escalera gigantesca. El movimiento de ascenso y la irrupción del mar durante los períodos de reposo se han ejercido igualmente sobre inmensas extensiones de costa; en efecto, he quedado en gran manera asombrado al darme cuenta de que las llanuras se encuentran a alturas casi iguales en puntos muy alejados unos de otros. La llanura más baja se halla a 90 pies sobre el nivel del mar; la más elevada, a corta distancia de la costa, a 950 pies sobre el nivel del mar. De esta última llanura no quedan ya más que algunas ruinas en forma de colinas de cima plana, recubierta de guijarros. La llanura más elevada, a orillas del Santa Cruz, alcanza una altura de 3000 pies sobre el nivel del mar al pie de la cordillera. Ya he dicho que, durante el período de las conchas marinas actuales, la Patagonia se había levantado de 300 a 400 pies; a eso puedo añadir que, desde la época en que las montañas de hielo transportaban bloques de roca, el levantamiento ha alcanzado 1500 pies. Además esos movimientos de ascenso no han afectado a la Patagonia sola. Las conchas terciarias extinguidas del puerto de San Julián y de las orillas del Santa Cruz no han podido vivir, si ha de creerse al profesor E. Forbes, más que a una profundidad de agua que varía de 40 a 250 pies; pero están recubiertas de un sedimento marino que varía entre 800 y 1000 pies de espesor. De donde resulta que el lecho marítimo en el que vivían en tiempos pasados esas conchas ha debido de hundirse en muchos centenares de pies para que haya podido formarse el depósito superior. ¡Qué inmensas revoluciones geológicas pueden leerse en esta sencilla costa de la Patagonia!


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