Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Nos dirigimos hacia el valle de Quillota. El país es muy agradable; los poetas, sin duda alguna, le aplicarían el epíteto de pastoral; grandes prados verdes están separados por pequeños valles donde discurren arroyuelos; aquí y allá, en las laderas de las colinas, chozas de pastores. Nos vemos obligados a atravesar la cresta de Chilicauquen. En su base encontramos magníficos árboles de hoja perenne, pero no crecen sino en los barrancos donde hay siempre agua corriente. Quien no haya visto los inmediatos alrededores de Valparaíso no podrá creer que haya lugares tan pintorescos en Chile. Así que llegamos a la cumbre de la sierra, vemos abrirse a nuestros pies el Quillota. La vista es admirable. Ese valle es amplio y llano; así las irrigaciones pueden hacerse en cualquier parte de él. Los pequeños huertos en que está dividido se hallan llenos de naranjos, de olivos y de legumbres de toda clase. De cada lado se elevan inmensas montañas desnudas, lo cual presenta un gran contraste con los bellos cultivos del valle. El que dio a Valparaíso su nombre (Valle del Paraíso) debía acordarse en aquellos momentos de Quillota. Atravesamos este valle para dirigirnos a la hacienda "San Isidro", situada al pie mismo de la montaña de la Campana.