Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Nos hacemos a la vela. Durante la última semana de nuestra estancia en Chiloé, había efectuado algunas cortas excursiones. Entre otras, había ido a examinar una considerable capa de conchas, pertenecientes a dos especies aun existentes, situada a una altura de 350 pies sobre el nivel del mar; árboles inmensos crecen ahora en medio de tales conchas. Otro día me dirijo a Punta Huechucucuy. Llevaba como guía a un hombre que conocía perfectamente el país; no podíamos atravesar un arroyo, una caleta o una lengua de tierra sin que me diera, con exceso de pormenores, el nombre indio del lugar. Lo mismo que en Tierra del Fuego, el lenguaje de los indios parece adaptarse admirablemente para designar los caracteres más ínfimos del paisaje. Todos estamos encantados de decirle adiós a Chiloé; ésta sería, sin embargo, una isla encantadora si las lluvias continuas no produjeran tanta tristeza. En la sencillez y humilde cortesía de sus habitantes hay algo muy atrayente, que nos compensa de las molestias pasadas.