Los empeños de una casa
Los empeños de una casa que esa tirana que lleva,
es doña Leonor de Castro,
mi prima». Sacó mi amante
el acero, y alentado,
apenas con una punta515
llegó al pecho del contrario,
cuando diciendo: «¡Ay de mí!»
dio en tierra, y viendo el fracaso
dio voces el compañero,
a cuyo estruendo llegaron520
algunos; y aunque pudiera
la fuga salvar a Carlos,
por no dejarme en el riesgo
se detuvo temerario,
de modo que la Justicia,525
que acaso andaba rondando,
llegó a nosotros, y aunque
segunda vez obstinado
intentaba defenderse,
persuadido de mi llanto530
rindió la espada a mi ruego,
mucho más que a sus contrarios.
Prendiéronle, en fin; y a mí,
como a ocasión del estrago,
viendo que el que queda muerto535
era don Diego de Castro,
mi primo, en tu noble casa,