Los empeños de una casa
Los empeños de una casa que en mi decoro es precisa,
podré, sin rendirme yo,605
obligarle a que se rinda;
que aunque sé que ama a Leonor,
¿qué voluntad hay tan fina
en los hombres, que si ven
que otra ocasión los convida610
la dejen por la que quieren?
Pues alto, Amor, ¿qué vacilas,
si de que puede mudarse
tengo el ejemplo en mí misma?)
—Caballero, las desgracias615
suelen del valor ser hijas
y cebo de las piedades;
y así, si las vuestras libran
en mí su alivio, cobrad
la respiración perdida,620
y en esta cuadra, que cae
a un jardín, entrad aprisa,
antes que venga un hermano
que tengo, y con la malicia
de veros conmigo solo625
otro riesgo os aperciba.
DON CARLOS
No quisiera yo, señora,
que el amparo de mi vida
a vos os costara un susto.