La Celestina
La Celestina elementos vnos con otros rompen pelea, tremen las
tierras, ondean los mares, el ayre se sacude, suenan
las llamas, los vientos entre si traen perpetua gue-
rra, los tiempos con tiempos contienden e litigan
entre si, vno a vno e todos contra nosotros.» El [18]
verano vemos que nos aquexa con calor demasiado,
el inuierno con frío y aspereza: assí que esto nos
paresce reuolución temporal, esto con que nos soste-
nemos, esto con que nos criamos e biuimos, si co-
miença a ensoberuecerse más de lo acostumbrado, no
es sino guerra. E quanto se ha de temer, manifiéstase
por los grandes terromotos e toruellinos, por los
naufragios y encendios, assí celestiales como terre-
nales; por la fuerça de los aguaduchos, por aquel
bramar de truenos, por aquel temeroso ímpetu de
rayos, aquellos cursos e recursos de las nuues, de
cuyos abiertos mouimientos, para saber la secreta
causa de que proceden, no es menor la dissension de los [19] filósofos en las escuelas, que de las ondas en
la mar.
Pues entre los animales ningún género carece de
guerra: pesces, fieras, aues, serpientes, de lo qual
todo, vna especie a otra persigue. El león al lobo, el