La Celestina
La Celestina como sea cierto que toda palabra del hombre sciente
está preñada, desta se puede dezir que de muy hin-
chada y llena quiere [17] rebentar, echando de sí tan
crescidos ramos y hojas, que del menor pimpollo se
sacaría harto fruto entre personas discretas. Pero
como mi pobre saber no baste a mas de roer sus secas
cortezas de los dichos de aquellos, que por claror de
sus ingenios merescieron ser aprouados, con lo poco
que de allí alcançare, satisfaré al propósito deste
perbreue prólogo. Hallé esta sentencia corroborada
por aquel gran orador e poeta laureado, Francisco
Petrarcha, diziendo: «Sine lite atque offensione nihil
genuit natura parens»: Sin lid e offensión ninguna
cosa engendró la natura, madre de todo. Dize más
adelante: «Sic est enim, et sic propemodum universa
testantur: rapido stellæ obviant firmamento; contra-
ria inuicem elementa confligunt; terræ tremunt;
maria fluctuant; aer quatitur; crepant flammæ; be-
llum immortale venti gerunt; tempora temporibus
concertant; secum singula nobiscum omnia». Que
quiere dezir: «En verdad assí es, e assí todas las co-
sas desto dan testimonio: las estrellas se encuentran
en el arrebatado firmamento del cielo; los aduersos