La Celestina
La Celestina a Dios que le saque d'en medio dellos; no veen
la hora que tener a él so la tierra e lo suyo entre
sus manos e darle a poca costa su morada para
siempre.
MELIBEA.- Madre, pues que assà es, gran pe-
na [169] ternás por la edad que perdiste. ¿Que-
rrÃas boluer a la primera?
CELESTINA.- Loco es, señora, el caminante
que, enojado del trabajo del dÃa, quisiesse bo-
luer de comienço la jornada para tornar otra
vez aquel lugar. Que todas aquellas cosas, cuya
possessión no es agradable, más vale poseellas,
que esperallas. Porque más cerca está el fin d'e-
llas, quanto más andado del comienço. No ay
cosa más dulce ni graciosa al muy cansado que
el mesón. Assà que, avnque la moçedad sea
alegre; el verdadero viejo no la dessea. Porque
[170] el que de razón e seso carece, quasi otra
cosa no ama, sino lo que perdió.
MELIBEA.- Siquiera por viuir más, es bueno
dessear lo que digo.
CELESTINA.- Tan presto, señora, se va el
cordero como el carnero. Niguno es tan viejo,
que no pueda viuir vn año ni tan moço, que oy
no pudiesse morir. Assà que en esto poca avan-
taja nos leuays.
MELIBEA.- Espantada me tienes con lo que