La Celestina

La Celestina

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has hablado. Indicio me dan tus razones que te

aya visto otro tiempo. Dime, madre, ¿eres tú

Celestina, la que solía morar a las tenerías, cabe

el río?

CELESTINA.- Hasta que Dios quiera.

MELIBEA.- Vieja te has parado. Bien dizen

que los días no se van en balde. Assí goze de

mí, no te conociera, sino por essa señaleja de la

cara. Figúraseme que eras hermosa. Otra pare-

ces, muy mudada estás.

LUCRECIA.- ¡Hy!, ¡hy!, ¡hy! ¡Mudada está el

[171] diablo! ¡Hermosa era con aquel su Dios os

salue, que trauiessa la media cara!

MELIBEA.- ¿Qué hablas, loca? ¿Qué es lo que

dizes? ¿De qué te ríes?

LUCRECIA.- De cómo no conoscías a la ma-

dre en tan poco tiempo en la filosomía de la

cara.

MELIBEA.- No es tan poco tiempo dos años;

e más que la tiene arrugada.

CELESTINA.- Señora, ten tú el tiempo que no

ande; terné yo mi forma, que no se mude. ¿No

has leydo que dizen: verná el día que en el es-

pejo no te conozcas? Pero también yo encanecí

temprano [172] e parezco de doblada edad.

Que assí goze desta alma pecadora e tu desse


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