La Celestina
La Celestina cuerpo gracioso, que de quatro hijas, que parió
mi madre, yo fue la menor. Mira cómo no soy
vieja, como me juzgan.
MELIBEA.- Celestina, amiga, yo he holgado
mucho en verte e conocerte. También hasme
dado plazer con tus razones. Toma tu dinero e
vete con Dios, que me paresce que no deues
hauer comido.
CELESTINA.- ¡O angélica ymagen! ¡O perla
preciosa, e como te lo dizes! Gozo me toma en
verte fablar. ¿E no sabes que por la diuina boca
fue dicho contra aquel infernal tentador, que no
de solo pan viuiremos? Pues assí es, que no el
solo comer mantiene. Mayormente a mí, que
me suelo estar vno e dos días negociando en-
comiendas agenas ayuna, saluo hazer por los
buenos, morir por ellos. Esto tuue siempre,
querer más trabajar siruiendo a otros, que hol-
gar contentando a mí. Pues, si tú me das licen-
cia, direte la necessitada causa de mi venida,
que es otra que la que fasta agora as oydo e tal,
que todos perderíamos en me tornar en balde
sin que la sepas.
MELIBEA.- Di, madre, todas tus necessida-
des, que, si yo las pudiere remediar, de muy
buen [173] grado lo haré por el passado conos-
cimiento e vezindad, que pone obligación a los