La Celestina
La Celestina quien fuere.
CELESTINA.- ¡Donzella graciosa e de alto li-
naje!, tu suaue fabla e alegre gesto, junto con el
aparejo de liberalidad, que muestras con esta
pobre vieja, me dan osadÃa a te lo dezir. Yo
dexo [175] vn enfermo a la muerte, que con sola
una palabra de tu noble boca salida, que le
lleue metida en mi seno, tiene por fe que sana-
rá, según la mucha deuoción tiene en tu genti-
leza.
MELIBEA.- Vieja honrrada, no te entiendo, si
mas no declaras tu demanda. Por vna parte me
alteras e prouocas a enojo; por otra me mueues
a compasión. No te sabrÃa boluer respuesta
conueniente, según lo poco, que he sentido de
tu habla. Que yo soy dichosa, si de mi palabra
ay necessidad para salud de algún cristiano.
Porque hazer beneficio es semejar a Dios, e el
que le da le recibe, quando a persona digna dél
le haze. E demás desto, dizen que el que puede
sanar al que padece, no lo faziendo, le mata.
Assà que no cesses tu petición por empacho ni
temor.
CELESTINA.- El temor perdà mirando, seño-
ra, tu beldad. Que no puedo creer que en balde
pintasse Dios vnos gestos más perfetos que
otros, más dotados de gracias, más hermosas