La Celestina

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faciones; sino para fazerlos almazén de virtu-

des, de misericordia, de compassión, ministros

de sus mercedes e dádiuas, como a ti. E pues

como todos seamos humanos, nascidos para

morir, sea cierto que no se puede dezir nacido

el que [176] para sí solo nasció. Porque sería

semejante a los brutos animales, en los quales

avn ay algunos piadosos, como se dize del vni-

cornio, que se humilla a qualquiera donzella. El

perro con todo su ímpetu e braueza, quando viene a

morder, si se echan en el suelo, no haze mal: esto de

piedad. ¿Pues las aues? Ninguna cosa el gallo

come, que no participe e llame las gallinas a

comer dello. El pelicano rompe el pecho por dar a

sus hijos a comer de sus entrañas. Las cigüeñas

mantienen otro tanto tiempo a [177] sus padres

viejos en el nido, quanto ellos les dieron ceuo siendo

pollitos. Pues tal conoscimiento dio la natura a los

animales e aues, ¿por qué los hombres hauemos

de ser mas crueles? ¿Por qué no daremos parte

de nuestras gracias e personas a los próximos,

mayormente, quando están embueltos en secre-

tas enfermedades e tales que, donde está la me-

lezina, salió la causa de la enfermedad?

MELIBEA.- Por Dios, sin más dilatar, me di-

gas quién es esse doliente, que de mal tan per-


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