La Celestina

La Celestina

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plexo se siente, que su passión e remedio salen

de vna misma fuente.

CELESTINA.- Bien ternás, señora, noticia en

esta cibdad de vn cauallero mancebo, gentil-

hombre de clara sangre, que llaman Calisto.

MELIBEA.- ¡Ya, ya, ya! Buena vieja, no me

digas más, no pases adelante. ¿Esse es el do-

liente por quien has fecho tantas premissas en

tu demanda? ¿Por quien has venido a buscar la

muerte para ti? ¿Por quien has dado tan daño-

sos passos, desuergonçada barvuda? ¿Qué sien-

te esse perdido, que con tanta passión vienes?

De locura será su mal. ¿Qué te parece? ¡Si me

fallaras [178] sin sospecha desse loco, con qué

palabras me entrauas! No se dize en vano que

el más empezible miembro del mal hombre o

muger es la lengua. ¡Quemada seas, alcahueta

falsa, hechizera, enemiga de onestad, causadora

de secretos yerros! ¡Jesú, Jesú! ¡Quítamela, Lu-

crecia, de delante, que me fino, que no me ha

dexado gota de sangre en el cuerpo! Bien se lo

mereçe esto e más, quien a estas tales da oydos.

Por cierto, si no mirasse a mi honestidad e por

no publicar su osadía desse atreuido, yo te fi-

ziera, maluada, que tu razón e vida acabaran en

vn tiempo.

CELESTINA. (Aparte).- ¡En hora mala acá vi-


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