La Celestina
La Celestina sospechas, no bastara tu licencia para me dar
osadÃa a hablar en cosa, que a Calisto ni a otro
hombre tocasse.
MELIBEA.- ¡Jesú! No oyga yo mentar más es-
se loco, saltaparedes, fantasma de noche, luen-
go [180] como cigüeña, figura de paramento
malpintado; si no, aquà me caeré muerta. ¡Este
es el que el otro dÃa me vido, e començó a de-
suariar comigo en razones, haziendo mucho del
galán! Dirasle, buena vieja, que, si pensó que ya
era todo suyo e quedaua por él el campo, por-
que holgué más de consentir sus necedades,
que castigar su yerro, quise más dexarle por
loco, que publicar su grande atreuimiento. Pues
auÃsale que se aparte deste propósito e serle ha
sano; sino, podrá ser que no aya comprado tan
cara, habla en su vida. Pues sabe que no es ven-
cido, sino el que se cree serlo, e yo quedé bien
segura e él vfano. De los locos es estimar a to-
dos los otros de su calidad. E tú tórnate con su
mesma razón; que respuesta de mà otra no hau-
rás ni la esperes. Que por demás es ruego a
quien no puede hauer misericordia. E da gra-
cias a Dios, pues tan libre vas desta feria. Bien
me hauÃan dicho quien tu eras e auisado de tus
propriedades, avnque agora no te conocÃa. [181]
CELESTINA. (Aparte).- ¡Más fuerte estaua