La Celestina

La Celestina

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MELIBEA.- Bien la has merescido.

CELESTINA.- Si no la he ganado con la len-

gua, no la he perdido con la intención.

MELIBEA.- Tanto afirmas tu ignorancia, que

me hazes creer lo que puede ser. Quiero pues

en tu dubdosa desculpa tener la sentencia en

[185]peso e no disponer de tu demanda al sabor

de ligera interpretación. No tengas en mucho ni

te marauilles de mi passado sentimiento, por-

que concurrieron dos cosas en tu habla, que

qualquiera dellas era bastante para me sacar de

seso: nombrarme esse tu cauallero, que comigo

se atreuió a hablar, e también pedirme palabra

sin más causa, que no se podía sospechar sino

daño para mi honrra. Pero pues todo viene de

buena parte, de lo passado aya perdón. Que en

alguna manera es aliuiado mi coraçón, viendo

que es obra pía e santa sanar los passionados e

enfermos.

CELESTINA.- ¡E tal enfermo, señora! Por

Dios, si bien le conosciesses, no le juzgasses por

el que has dicho e mostrado con tu yra. En Dios

e en mi alma, no tiene hiel; gracias, dos mill: en

franqueza, Alexandre; en esfuerço, Etor; gesto,

de vn rey; gracioso, alegre; jamás reyna en él

tristeza. De noble sangre, como sabes. [186]

Gran justador, pues verlo armado, vn sant


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