La Celestina
La Celestina George. Fuerça e esfuerço, no tuuo Ercules tan-
ta. La presencia e faciones, dispusición, desem-
boltura, otra lengua hauía menester para las
contar. Todo junto semeja ángel del cielo. Por fe
tengo que no era tan hermoso aquel gentil Nar-
ciso, que se enamoró de su propia figura,
quando se vido en las aguas de la fuente. Ago-
ra, señora, tiénele derribado vna sola muela,
que jamás cessa de quexar.
MELIBEA.- ¿E qué tanto tiempo ha?
CELESTINA.- Podrá ser, señora, de veynte e
tres años: que aquí está Celestina, que le vido
nascer e le tomó a los pies de su madre. [187]
MELIBEA.- Ni te pregunto esso ni tengo ne-
cessidad de saber su edad; sino qué tanto ha
que tiene el mal.
CELESTINA.- Señora, ocho días. Que parece
que ha vn año en su flaqueza. E el mayor re-
medio que tiene es tomar vna vihuela e tañe
tantas canciones e tan lastimeras, que no creo
que fueron otras las que compuso aquel Empe-
rador e gran músico Adriano, de la partida del
ánima, por sofrir sin desmayo la ya vezina
muerte. Que avnque yo sé poco de música, pa-
rece que faze aquella vihuela fablar. Pues, si
acaso canta, de mejor gana se paran las aues a
le oyr, que no aquel antico, de quien se dize