La Celestina

La Celestina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

que mouía los árboles e piedras con su canto.

Siendo este nascido no alabaran a Orfeo. Mirá,

señora, si vna [188] pobre vieja, como yo, si se

fallará dichosa en dar la vida a quien tales gra-

cias tiene. Ninguna muger le vee, que no alabe

a Dios, que assí le pintó. Pues, si le habla acaso,

no es más señora de sí, de lo que él ordena. E

pues tanta razón tengo, juzgá, señora, por bue-

no mi propósito, mis passos saludables e vazíos

de sospecha.

MELIBEA.- ¡O quanto me pesa con la falta de

mi paciencia! Porque siendo él ignorante e tu

ynocente, haués padescido las alteraciones de

[189] mi ayrada lengua. Pero la mucha razón

me relieua de culpa, la qual tu habla sospecho-

sa causó. En pago de tu buen sofrimiento, quie-

ro complir tu demanda e darte luego mi cor-

dón. E porque para escriuir la oración no haurá

tiempo sin que venga mi madre, si esto no bas-

tare, ven mañana por ella muy secretamente.

LUCRECIA. (Aparte).- ¡Ya, ya, perdida es mí

ama! ¿Secretamente quiere que venga Celesti-

na? ¡Fraude ay! ¡Más le querrá dar, que lo di-

cho!

MELIBEA.- ¿Qué dizes, Lucrecia?

LUCRECIA.- Señora, que baste lo dicho; que


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker