La Celestina

La Celestina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

e darte he vna lexía, con que pares essos cave-

llos más que el oro. No lo digas a tu señora. E

avn darte he vnos poluos para quitarte esse

olor de la boca, que te huele vn poco, que en el

reyno no lo sabe fazer otra sino yo e no ay cosa

que peor en la muger parezca.

LUCRECIA.- ¡O! Dios te dé buena vejez, que

mas necessidad tenía de todo esso que de comer.

CELESTINA.- ¿Pues, porque murmuras contra

mí, [191] loquilla? Calla, que no sabes si me aurás

menester en cosa de más importancia. No prouoques

a yra a tu señora, más de lo que ella ha estado.

Déxame yr en paz.

MELIBEA.- ¿Qué le dizes, madre?

CELESTINA.- Señora, acá nos entendemos.

MELIBEA.- Dímelo, que me enojo, quando yo

presente se habla cosa de que no aya parte.

CELESTINA.- Señora, que te acuerde la ora-

ción, para que la mandes escriuir e que aprenda

de mí a tener mesura en el tiempo de tu yra, en

la qual yo vsé lo que se dize: que del ayrado es

de apartar por poco tiempo, del enemigo por

mucho. Pues tú, señora, tenías yra con lo que

sospechaste de mis palabras, no enemistad.

Porque, avnque fueranlas que tú pensauas, en

sí no eran malas: que cada día ay hombres pe-


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker