La Celestina
La Celestina esteriores señales. ¿Quién jamás te vido por la
calle, abaxada la cabeça, puestos los ojos en el
suelo, e no mirar a ninguno como agora?
¿Quién te vido hablar entre dientes por las ca-
lles e venir aguijando, como quien va a ganar
beneficio? [196] Cata que todo esto nouedad es
para se marauillar quien te conoce. Pero esto
dexado, dime, por Dios, con qué vienes. Dime
si tenemos hijo o hija. Que desde que dio la vna
te espero aquí e no he sentido mejor señal que
tu tardança.
CELESTINA.- Hijo, essa regla de bouos no es
siempre cierta, que otra hora me pudiera más
tardar e dexar allá las narizes; e otras dos nari-
zes e lengua: e assí que, mientra más tardasse,
más caro me costasse.
SEMPRONIO.- Por amor mío, madre, no pas-
ses de aquí sin me lo contar.
CELESTINA.- Sempronio amigo, ni yo me
podría parar ni el lugar es aparejado. Vente
comigo. Delante Calisto oyrás marauillas. Que
será desflorar mi embaxada comunicándola con
muchos. De mi boca quiero que sepa lo que se
ha hecho. Que, avnque ayas de hauer alguna
partizilla del prouecho, quiero yo todas las gra-
cias del trabajo.
SEMPRONIO.- ¿Partezilla, Celestina? Mal me