La Celestina
La Celestina bre! Bien dizen que ninguna mercadurÃa ni
animal es tan difÃcil! ¡Mala vieja, falsa, es ésta!
¡El diablo me metió con ella! Más seguro me
fuera huyr desta venenosa bÃuora, que tomalla.
MÃa fue la culpa. Pero gane harto, que por bien
o mal no negará la promessa.
CELESTINA.- ¿Qué dizes, Sempronio? ¿Con
quien hablas? ¿Viénesme royendo las haldas?
¿Por qué no aguijas?
SEMPRONIO.- Lo que vengo diziendo, ma-
dre mÃa, es que no me marauillo que seas mu-
dable, que [199] sigues el camino de las mu-
chas. Dicho me auÃas que diferirÃas este nego-
cio. Agora vas sin seso por dezir a Calisto
quanto passa. ¿No sabes que aquello es en algo
tenido, que es por tiempo desseado, e que cada
dÃa que él penasse era doblarnos el prouecho?
CELESTINA.- El propósito muda el sabio; el
nescio perseuera. A nueuo negocio, nueuo con-
sejo se requiere. No pensé yo, hijo Sempronio,
que assà me respondiera mi buena fortuna. De
los discretos mensajeros es hazer lo que el
tiempo quiere. Assà que la qualidad de lo fecho
no puede encubrir tiempo dissimulado. E más
que yo sé que tu amo, según lo que dél sentÃ, es
liberal e algo antojadizo. Más dará en vn dÃa de