La Celestina
La Celestina buenas nueuas, que en ciento, que ande penado
e yo yendo e viniendo. Que los acelerados e
súpitos plazeres crían alteración, la mucha alte-
ración estorua el deliberar. Pues ¿en qué podrá
parar el bien, sino en bien e el alto mensaje,
sino en luengas albricias? Calla, bouo, dexa
fazer a tu vieja. [200]
SEMPRONIO.- Pues dime lo que passó con
aquella gentil donzella. Dime alguna palabra
de su boca. Que, por Dios, assí peno por sabe-
lla, como mi amo penaría.
CELESTINA.- ¡Calla, loco! Altérasete la com-
plesión. Ya lo veo en ti, que querrías más estar
al sabor, que al olor deste negocio. Andemos
presto, que estará loco tu amo con mi mucha
tardança.
SEMPRONIO.- E avn sin ella se lo está.
PÁRMENO.- ¡Señor, señor!
CALISTO.- ¿Qué quieres, loco?
PÁRMENO.- A Sempronio e a Celestina veo
venir cerca de casa, haziendo paradillas de rato
en rato e, quando están quedos, hazen rayas en el
suelo con el espada. No sé que sea.
CALISTO.- ¡O desuariado, negligente! Veslos
venir: ¿no puedes decir corriendo a abrir la
puerta? ¡O alto Dios! ¡O soberana deydad! ¿Con
qué vienen? ¿Qué nueuas traen? Qué tan gran-