La Celestina
La Celestina de ha sido su tardança, que ya más esperaua su
venida, que el fin de mi remedio. ¡O mis tristes
oydos! Aparejaos a lo que os viniere, que en su
boca de Celestina está agora aposentado [201]
el aliuio o pena de mi coraçón. ¡O!, ¡si en sueño
se pasasse este poco tiempo, hasta ver el prin-
cipio e fin de su habla! Agora tengo por cierto
que es más penoso al delinquente esperar la
cruda e capital sentencia, que el acto de la ya
sabida muerte. ¡O espacioso Pármeno, manos
de muerto! Quita ya essa enojosa aldaua: entra-
rá essa honrrada dueña, en cuya lengua está mi
vida.
CELESTINA.- ¿Oyes, Sempronio? De otro
temple anda nuestro amo. Bien difieren estas
razones a las que oymos a Pármeno e a él la
primera venida. De mal en bien me parece que
va. No ay palabra de las que dize, que no vale a
la vieja Celestina más que vna saya.
SEMPRONIO.- Pues mira que entrando hagas
que no ves a Calisto e hables algo bueno.
CELESTINA.- Calla, Sempronio, que avnque
aya auenturado mi vida, más merece Calisto e
su ruego e tuyo e más mercedes espero yo dél.
[203]
El aucto sesto
ARGUMENTO DEL SESTO AUTO