La Celestina
La Celestina dad. Que el abad de dó canta de allí viste.
PÁRMENO.- E avn viste como canta. E esta
puta vieja querría en vn día por tres pasos des-
echar todo el pelo malo, quanto en cincuenta
años no ha podido medrar.
SEMPRONIO.- ¿Todo esso es lo que te castigó
e el conoscimiento que os teníades e lo que te
crió? [206]
PÁRMENO.- Bien sofriré mas que pida e pe-
le; pero no todo para su prouecho.
SEMPRONIO.- No tiene otra tacha sino ser
cobdiciosa; pero déxala, varde sus paredes, que
después vardará las nuestras o en mal punto
nos conoció.
CALISTO.- Dime, por Dios, señora, ¿qué fa-
zía? ¿Cómo entraste? ¿Qué tenía vestido? ¿A
qué parte de casa estaua? ¿Qué cara te mostró
al principio?
CELESTINA.- Aquella cara, señor, que suelen
los brauos toros mostrar contra los que lançan
las agudas frechas en el coso, la que los monte-
ses puercos contra los sabuesos, que mucho los
aquexan.
CALISTO.- ¿E a essas llamas señales de sa-
lud? Pues ¿quáles serán mortales? No por cierto
la misma muerte: que aquella aliuio sería en tal
caso deste mi tormento, que es mayor e duele