La Celestina
La Celestina más.
SEMPRONIO.- ¿Estos son los fuegos pasados
de mi [207] amo? ¿Qué es esto? ¿No ternía este
hombre sofrimiento para oyr lo que siempre ha
deseado?
PÁRMENO.- ¡E que calle yo, Sempronio!
Pues, si nuestro amo te oye, tan bien te castiga-
rá a ti como a mí.
SEMPRONIO.- ¡O mal fuego te abrase! Que
tú fablas en daño de todos e yo a ninguno
ofendo. ¡O! ¡Intolerable pestilencia e mortal te
consuma, rixoso, embidioso, maldito! ¿Toda
esta es la amistad, que con Celestina e comigo
hauías concertado? ¡Vete de aquí a la mala ven-
tura!
CALISTO.- Si no quieres, reyna e señora mía,
que desespere e vaya mi ánima condenada a
perpetua pena, oyendo essas cosas, certifícame
breuemente si houo buen fin tu demanda glo-
riosa e la cruda e rigurosa muestra de aquel
gesto angélico e matador; pues todo esso más
es señal de odio, que de amor.
CELESTINA.- La mayor gloria, que al secreto
oficio de la abeja se da, a la qual los discretos
deuen imitar, es que todas las cosas por ella
tocadas conuierte en mejor de lo que son. Desta
manera me he hauido con las çahareñas razo-