La Celestina
La Celestina dize ser de grandeza jamás oyda e que lleva sobre su
pico fasta las nuues, no solo vn hombre o diez, pero
vn nauío cargado de todas sus xarcias e gente. E
como los míseros navegantes estén assí suspensos en
el ayre, con el meneo de su buelo caen e reciben crue-
les muertes.
¿Pues qué diremos entre los hombres a quien todo
lo sobredicho es subjeto? ¿Quién explanará sus gue-
rras, sus enemistades, sus embidias, sus acelera-
mientos e mouimientos e descontentamientos?
¿Aquel mudar de trajes, aquel derribar e renouar
edificios, e otros muchos affectos diuersos e varieda-
des que desta nuestra flaca humanidad nos prouie-
nen?
E pues es antigua querella e uisitada de largos
[23] tiempos, no quiero marauillarme si esta presen-
te obra ha seydo instrumento de lid o contienda a
sus lectores para ponerlos en differencias, dando
cada vno sentencia sobre ella a sabor de su voluntad.
Unos dezían que era prolixa, otros breue, otros