La Celestina
La Celestina agradable, otros escura; de manera que cortarla a
medida de tantas e tan differentes condiciones a solo
Dios pertenesce. Mayormente pues ella con todas las
otras cosas que al mundo son, van debaxo de la van-
dera desta notable sentencia: «que avn la mesma
vida de los hombres, si bien lo miramos, desde la
primera edad hasta que blanquean las canas, es bata-
lla.» Los niños con los juegos, los moços con las
letras, los mancebos con los deleytes, los viejos con
mill especies de enfermedades pelean y estos papeles
con todas las edades. La primera los borra e rompe,
la segunda no los sabe bien leer, la tercera, que es la
alegre juventud y mancebía, [24] discorda. Vnos les
roen los huessos que no tienen virtud, que es la hys-
toria toda junta, no aprouechándose de las particula-
ridades, haziéndola cuenta de camino; otros pican
los donayres y refranes comunes, loándolos con toda
atención, dexando passar por alto lo que haze más al caso e vtilidad suya. Pero aquellos para cuyo verdadero plazer es todo, desechan el cuento de la hystoria
para contar, coligen la suma para su prouecho, ríen
lo donoso, las sentencias e dichos de philosophos
guardan en su memoria para trasponer en lugares
conuenibles a sus autos e propósitos. Assí que quan-