La Celestina
La Celestina CELESTINA.- Vender vn poco de hilado, con
que tengo caçadas más de treynta de su estado,
si a Dios ha plazido, en este mundo e algunas
mayores.
CALISTO.- Esso será de cuerpo, madre; pero
no de gentileza, no de estado, no de gracia e
discreción, no de linaje, no de presunción con
merecimiento, no en virtud, no en habla.
PÁRMENO.- Ya escurre eslauones el perdido.
Ya se desconciertan sus badajadas. Nunca da
menos de doze; siempre está hecho relox de
mediodía. Cuenta, cuenta, Sempronio, que es-
tás desbauando oyéndole a él locuras e a ella
mentiras.
SEMPRONIO.- ¡Maldeziente venenoso! ¿Por
qué cierras las orejas a lo que todos los del
mundo las aguzan, hecho serpiente, que huye
la boz del encantador? Que solo por ser de
amores estas razones, avnque mentiras, las
hauías de escuchar con gana. [211]
CELESTINA.- Oye, señor Calisto, e verás tu
dicha e mi solicitud qué obraron. Que en co-
mençando yo a vender e poner en precio mi
hilado, fue su madre de Melibea llamada para
que fuesse a visitar vna hermana suya enferma.
E como le fuesse necessario absentarse, dexó en
su lugar a Melibea.