La Celestina

La Celestina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CALISTO.- ¡O gozo sin par! ¡O singular opor-

tunidad! ¡O oportuno tiempo! ¡O quien estuuie-

ra allí debaxo de tu manto, escuchando qué

hablaría sola aquella en quien Dios tan estre-

madas gracias puso!

CELESTINA.- ¿Debaxo de mi manto, dizes?

¡Ay mezquina! Que fueras visto por treynta

agujeros que tiene, si Dios no le mejora.

PÁRMENO.- Sálgome fuera, Sempronio. Ya

no digo nada; escúchatelo tú todo. Si este per-

dido de mi amo no midiesse con el pensamien-

to quantos pasos ay de aquí a casa de Melibea e

contemplasse en su gesto e considerasse cómo

estaría haviniendo el hilado, todo el sentido

puesto e ocupado en ella, él vería que mis con-

sejos [212] le eran más saludables, que estos

engaños de Celestina.

CALISTO.- ¿Qué es esto, moços? Estó yo

esenchando atento, que me va la vida; ¿voso-

tros susurrays, como soleys, por fazerme mala

obra e enojo? Por mi amor, que calleys: morirés

de plazer con esta señora, según su buena dili-

gencia. Di, señora, ¿qué fiziste, quando te viste

sola?

CELESTINA.- Recebí, señor, tanta alteración

de plazer, que qualquiera que me viera, me lo

conociera en el rostro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker