La Celestina
La Celestina CALISTO.- Agora la rescibo yo: quanto más
quien ante sà contemplaua tal ymagen. Enmu-
decerÃas con la nouedad incogitada.
CELESTINA.- Antes me dio más osadÃa a
hablar lo que quise verme sola con ella. AbrÃ
mis entrañas. DÃxele mi embaxada: cómo pe-
nauas tanto por vna palabra, de su boca salida
en fauor tuyo, para sanar un gran dolor. E co-
mo ella estuniesse suspensa, mirándome, es-
pantada del nueuo mensaje, escuchando fasta
ver quién podÃa ser el que assà por necessidad
de su palabra penaua o a quién pudiesse sanar
su lengua, en nombrando tu nombre, atajó mis
palabras, diose en la frente vna grand palmada,
como quien cosa de grande espanto houiesse
oydo, diziendo [213] que cessasse mi habla e
me quitasse delante, si no querÃa hazer a sus
seruidores verdugos de mi postremerÃa,
agrauando mi osadÃa, llamándome hechizera,
alcahueta, vieja falsa, barbuda, malhechora e
otros muchos inominiosos nombres, con cuyos
tÃtulos asombran a los niños de cuna. E empós
desto mill amortescimientos e desmayos, mill mila-
gros e espantos, turbado el sentido, bulliendo fuer-
temente los miembros [214] todos a vna parte e a
otra, herida de aquella dorada frecha, que del sonido