La Celestina
La Celestina quanto yo tengo.
CELESTINA.- Manto he menester e éste terné
yo en harto. No te alargues más. No pongas
sospechosa [218] duda en mi pedir. Que dizen
que ofrescer mucho al que poco pide es especie
de negar.
CALISTO.-¡Corre! Pármeno, llama a mi sastre
e corte luego vn manto e vna saya de aquel
contray, que se sacó para frisado.
PÁRMENO.- ¡Assí, assí! A la vieja todo, por-
que venga cargada de mentiras como abeja e a
mí que me arrastren. Tras esto anda ella oy to-
do el día con sus rodeos.
CALISTO.- ¡De qué gana va el diablo! No ay
cierto tan malseruido hombre como yo, mante-
niendo moços adeuinos, reçongadores, enemi-
gos de mi bien. ¿Qué vas, vellaco, rezando?
Embidioso, ¿qué dizes, que no te entiendo? Ve
donde te mando presto e no me enojes, que
harto basta mi pena para acabar: que también
haurá para ti sayo en aquella pieça.
PÁRMENO.- No digo, señor, otra cosa, sino
que es tarde para que venga el sastre.
CALISTO.- ¿No digo yo que adeuinas? Pues
quédese para mañana. E tu, señora, por amor
mío te sufras, que no se pierde lo que se dilata.
E [219] mándame mostrar aquel sancto cordón,