La Celestina
La Celestina que tales miembros fue digno de ceñir. ¡Goza-
rán mis ojos con todos los otros sentidos, pues
juntos han sido apassionados! ¡Gozará mi las-
timado coraçón, aquel que nunca recibió mo-
mento de plazer, después que aquella señora
conoció! Todos los sentidos le llegaron, todos
acorrieron a él con sus esportillas de trabajo.
Cada vno le lastimó quanto más pudo: los ojos
en vella, los oydos en oylla, las manos en toca-
lla.
CELESTINA.- ¿Que la has tocado dizes? Mu-
cho me espantas.
CALISTO.- Entre sueños, digo.
CELESTINA.- ¿En sueños?
CALISTO.- En sueños la veo tantas noches,
que temo me acontezca como a AlcibÃades o a
Sócrates, [220] que el uno soñó que se veya em-
buelto en el manto de su amiga e otro dÃa matá-
ronle, e no houo quien le alçasse de la calle ni
cubriesse, sino ella con su manto; el otro via
que le llamavan por nombre e murió dende a
tres dÃas; pero en vida o en muerte, alegre me
serÃa vestir su vestidura.
CELESTINA.- Asaz tienes pena, pues, quan-
do los otros reposan en sus camas, preparas tú
el trabajo para sofrir otro dÃa. Esfuerçate, señor,